La industria de la salud en general no está correctamente preparada para tratar de forma efectiva los cuadros crónicos de dolor que no están asociados de manera directa a un daño estructural específico. Esto es un gran problema, porque lo que la evidencia moderna muestra es que cuando hablamos de cuadros que repercuten a nivel lumbar y/o cervical, en aproximadamente el 90% de los casos, el dolor que sienten los pacientes no tiene una correlación directa con un daño o una lesión específica (PMID: 37777033). No obstante, y a pesar del peso lapidario de la evidencia, la gran mayoría de las personas que buscan ayuda en la medicina terminan encerradas en un laberinto interminable de estudios, drogas, cirugías, tratamientos y terapias físicas “correctivas” que lo que buscan es tratar un problema estructural que muchas veces ni siquiera existe, y que otras, aunque exista,no es lo que explica o justifica el dolor.
El problema real que explica los motivos por los cuales la medicina aún no ha podido resolver esta problemática que afecta a cientos de millones de personas en todo el mundo es que los médicos están induciendo a sus pacientes a pelearse con molinos de viento. Les hablan de hernias discales, de protrusiones, de escoliosis, de estrechamiento del canal medular, de artrosis facetaria, de debilidad del core, de rigidez muscular, de asimetrías en las piernas, de falta de estabilidad, de “desbalances”, cuando en realidad, 90 de cada 100 personas que consultan por este tipo de dolores lo que necesitan no es resolver un problema estructural específico, sino buscar formas de transformar su estilo de vida y su salud física y mental en general.